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Articulo de nuestro presidente Benny Metz
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Cuando la inclusión dejó de ser un discurso.

Al cerrarse este 2025, no tengo dudas de que ha sido uno de los años más intensos y aleccionadores de mi vida pública. Un año de aprendizaje constante, de sacrificios silenciosos y de logros que, aunque no siempre visibles, ayudaron a colocar en la conversación nacional temas tan urgentes como la accesibilidad, la inclusión y el trato digno a las personas con discapacidad.

Durante décadas, esta población fue relegada, ignorada y, en muchos casos, olvidada por más de 60 años de vida democrática en la República Dominicana. Por eso, desde el primer día entendimos que no bastaba con discursos. Había que dar la cara. A veces fue desde una opinión en redes sociales; otras, desde un largo viaje al interior del país para acompañar, orientar o simplemente escuchar a una persona con discapacidad y a su familia. Cada encuentro confirmó que estábamos ante una deuda histórica.

Cuando se nos propuso presidir el Consejo Nacional de Discapacidad, junto al director ejecutivo Alexis Alcántara, decidimos comenzar por casa. Profundizar cambios internos era una necesidad impostergable. Fortalecimos la institucionalidad, abrimos oficinas de atención a usuarios en Santiago y San Cristóbal, y utilizamos los centros CAID como locación estratégica en el este, sur y norte del país para ofrecer servicios de valoración y certificación de la discapacidad.

Al mismo tiempo, entendimos que solos no llegaríamos lejos. La articulación con los sectores público y privado fue clave. Junto a instituciones financieras, centros de salud y universidades como la UASD, UTESA, PUCMM, UTESUR, APEC, INTEC, APEDI y centros educativos como Calasanz La Romana, realizamos consultas, foros y espacios de diálogo que enriquecieron nuestra visión. Con otras instituciones de servicios, entregamos miles de sillas de ruedas, bastones, andadores, muletas, gestionamos prótesis y facilitamos atenciones médicas, logrando un impacto real a nivel nacional.

En ese marco de confianza y transparencia, el Consejo Nacional de Discapacidad recibió importantes donaciones: 1,500 sillas de ruedas de la Iglesia de Jesucristo y 500 de la fundación Wheelchair. Cada dispositivo fue asignado con criterio técnico y sensibilidad humana, reafirmando que la transparencia también es una forma de respeto.

Otro paso significativo fue nuestra participación ante la Comisión de Pensiones del Consejo Nacional de Seguridad Social. Allí fijamos posición sobre la urgencia de aumentar las pensiones a personas con discapacidad. El resultado fue concreto: logramos canalizar 850 pensiones. Además, a través del programa Supérate, 4,000 niños ingresaron al fondo de niñez y adolescencia con discapacidad, marcando un hito en la protección social de este segmento de la población.

Más adelante, visualizamos la necesidad de ir más allá del día a día. Así nació la idea de un Plan Nacional de Discapacidad con una temporalidad de diez años. Una hoja de ruta clara, asumida por todas las instituciones del Estado, que permitiera mejorar de manera sostenida la accesibilidad y la inclusión social. Ese plan fue presentado en La Semanal, junto al presidente Luis Abinader, como una apuesta de país y no de una sola gestión.

La sociedad civil, tal como establece la Ley 5-13, fue una pieza clave. Su rol fue estelar en iniciativas como las jornadas territoriales “Conadis Para Todos”, que llevaron nuestros servicios a ocho provincias e impactaron directamente a más de 10,000 personas. También participamos activamente en jornadas coordinadas por el Gabinete Social, Supérate, Proppep, el Ministerio de la Juventud y el programa Gobierno Contigo, encabezado por el primer mandatario.

Desde los primeros meses de gestión firmamos convenios con Compras y Contrataciones Públicas, el Servicio Nacional de Salud y el Ministerio de Administración Pública. Este último nos permitió acceder a más de 182 instituciones del Estado mediante la creación de un indicador de accesibilidad e inclusión. A partir de ahí, impartimos talleres de sensibilización y trato digno, y promovimos la creación de comités de accesibilidad e inclusión liderados por la máxima autoridad institucional.

La agenda internacional también fue intensa. Defendimos el informe país sobre discapacidad ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. Participamos en cumbres y foros en Brasil, Alemania, España, Estados Unidos y Rusia, llevando la voz de la República Dominicana y aprendiendo de buenas prácticas globales. Uno de los momentos más emotivos fue acompañar a la delegación de Olimpiadas Especiales al mundial de baloncesto 3×3 en San Juan, Puerto Rico, donde nuestros atletas lograron la medalla de oro.

Cerramos el año con nuevos acuerdos de cooperación técnica, la renovación de nuestros estamentos de gobernanza, el lanzamiento de la carta compromiso con el ciudadano y mejoras sustanciales en transparencia y monitoreo institucional.

Ha sido un año exigente, pero profundamente humano. Y si algo tengo claro, es que el 2026 nos encontrará con grandes retos, pero también con la convicción intacta de que la inclusión no es un favor: es un derecho.

BM.