Una sociedad con discapacidad

September 11, 2020 3:16 pm

Por Antonella Cellucci, Directora Técnica de CONADIS

La sociedad dominicana tiene muchos signos de atraso, uno de ellos es la discriminación que se expresa hacia diversos segmentos poblacionales. Cuántos sueños, talentos, anhelos, ímpetus son reprimidos por falta de inclusión.

Definimos diferentes o especiales todas aquellas personas que se encuentran fuera de lo que consideramos normal, sin darnos cuenta que la normalidad no es más que algo convencional, establecido por personas que no se atreven a soñar, a matar el miedo, a los que le cuesta comprender algo que se sale de lo común.

De tal manera, por ejemplo, el estudiante con un coeficiente intelectual por encima del promedio es un “genio”, el que lo tiene por debajo, en el mejor de los casos, es un “lento”. Es el caso de Thomas Alva Edison, a quien se le atribuye la invención de la lámpara incandescente y el cual, después de tres meses de estar asistiendo a la escuela, regresó a su casa llorando, informando que el maestro lo había calificado de alumno “estéril e improductivo”.

Otras veces, buscamos nombres “bonitos” para tratar de ocultar o suavizar una realidad que no sabemos manejar. Al joven con Síndrome de Down le decimos “niño especial” sin darnos cuenta que en realidad no hay nada mal en él, nada que ocultar, nada de qué avergonzarse y sobre todo que ni es niño, ni es más especial que cualquier otro ser humano.

Nos cuesta utilizar el término correcto: persona con discapacidad, porque no nos damos cuenta que la discapacidad no está en la persona, la discapacidad la creamos nosotros cuando empezamos a discriminar utilizando términos como “diferente, especial” que solo ponen distancia entre nosotros “los normales” y ellos “los especiales, los diferentes”.

De la misma forma, la discapacidad no la tienen las personas usuarias de silla de ruedas o sordas, la discapacidad la crea una sociedad que no ha sido diseñada pensando en todas las personas, que pone barreras a la movilidad, a la comunicación, la tecnología y la participación.

Por eso, es necesario que asumamos cada quien nuestra responsabilidad hacia la construcción de una sociedad inclusiva, una en donde todas las personas puedan participar en igualdad de condiciones y en el pleno respeto de sus derechos.

Sobre todo, recordemos: la mejor manera de llamar a una persona con discapacidad es por su nombre.

Las otras personas son mis complementos, soy yo mismo extendido en ellos.